Loading...

 Inscríbete para recibir en tu correo cada nuevo mensaje de mi blog

DISFRUTAR LA SOLEDAD


¿Por qué  en general se  rehúye a la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos. Carlo Dossi

Por Claudia del Valle

Siempre, a lo largo de mi vida, he disfrutado la soledad.
Me encanta estar conmigo, poder hacer lo que no puedo hacer cuando estoy acompañada: meditar, leer un buen libro, escuchar la música que me gusta, ver un atardecer, escuchar los pájaros, o simplemente sentarme en una silla a pensar. Supongo que tiene que ver también con el hecho que me gusta el silencio, y lo disfruto. Es en ese silencio que he encontrado la paz que necesito. 

Pero sé que hay personas que temen a la soledad, que no les gusta el silencio, que cuando están en su hogar y está todo callado prenden el tv o colocan música, porque no soportan  el silencio, y de alguna forma se sienten acompañados, no se sienten solos.  

Y, creo que esa es la diferencia: estar solo VS sentirse solo, de allí parte todo.  Supongo que nunca me he sentido sola; siempre he sentido que estoy acompañada, estoy conmigo, disfruto mi compañía y, si lo hago bien, saco provecho de esas reuniones, pues hago el análisis, me pregunto, me respondo, me critico, y siempre, saco conclusiones. 

También es un hecho que cuando se hace meditación, cuando se logra paz interior, esa soledad se utiliza para escuchar la voz interior, ese ser  sabio y maravilloso que nos guía por la vida, si se lo permitimos. Llamémoslo como queramos, Yo superior, ángel de la Guarda, Dios, consciencia, pero lo cierto es que es más fácil sentir su voz, su guía, cuando hay silencio y estamos solos.

Y, entonces, es obvio entender por qué las personas que se sienten solas, huyen de la soledad, siempre quieren  compañía, física, tampoco les gusta mucho el silencio, y evaden  esos momentos porque seguramente les generan tristeza o depresión. No han entrado en contacto con ese interior, no han vivido la dicha del silencio interior.

Es lógico que si en nuestra mente está muy arraigado el tema de que para que yo esté complet@ necesito de otr@ que me complemente, y si ese otr@ no está, por cualquier razón que sea, nos sintamos solos, sintamos que no estamos completos, que nos falta algo; finalmente hemos sido criados de esa forma, y no conocemos otra manera de vivir. Incluso, much@s prefieren una relación demencial, de conflictos, maltratos y humillaciones antes que aceptar que pueden estar sol@s, y que seguramente sus vidas serían mucho más felices y gratificantes sin esa relación tan dañina.

Solo es necesario entender que no tenemos por qué sentirnos solos, que siempre hay alguien con nosotros, que somos parte de este maravilloso Universo, compuesto por energía, que todos somos energía, que todos somos parte de lo mismo, y que es imposible, imposible, quedarse solos. 

Si logramos buscar en nuestro interior, encontraremos un manantial enorme de sabiduría, paz, felicidad y serenidad, y si permitimos que ese ser maravilloso que hay en nuestro interior nos guíe, nos muestre el camino, no hay duda alguna que lograremos vivir una vida maravillosa y ya nunca más nos sentiremos solos.

Encuentra tu camino hacia tu interior, haz contacto contigo mismo, escucha tu voz, siente ese guía que está dispuesto a ayudarte y a acompañarte en todo momento, regálate esa opción.

NAMASTÉ

APRENDER A DECIR NO



Por Claudia del Valle
No sé si te pasa, pero hay días en que hacemos  montones de cosas, terminamos  rendid@s,  y cuando hacemos  el balance, nada, no hemos hecho nada...

Y  lo que sucede es que hemos  estado haciendo cosas para otras personas. O interrumpimos nuestras tareas   para colaborarle a alguien con algo, o para resolver alguna inquietud o duda.

Está bien ayudar, lógico, pero debemos balancear las situaciones y lo que hacemos por otras personas. Es fácil revisar el tema, solo contesta estas preguntas:

¿Estás diciendo sí a todo lo que te piden?

¿Te comprometes con más de lo que puedes cumplir?

¿Te sientes  culpable si dices no a tu jefe,  un cliente, un empleado, tu pareja, tus hijos o amigos?

¿Cada vez te alcanza menos el tiempo y eres menos productiv@?

Si respondes sí  a alguna de estas preguntas, debes hacer un alto y evaluar lo que estás haciendo y cómo lo estás haciendo.

Algunos trucos:

  • Aprende a PRIORIZAR. Si es necesario, haz una lista de tus prioridades, personales, familiares, laborales. Si tienes claro que es lo más importante para ti, para tu día, sabrás si esa tarea, ese favor, ese informe, tiene que ver con tu día o no, y puede ser más fácil decir: NO.
  • Antes de decir SI, revisa si tienes el tiempo para llevar a cabo esa tarea.  Es mejor decir NO a incumplir después por falta de tiempo o de energía.
  • No abandones o dejes de hacer una tarea por atender algo que te piden. Bueno, a no ser que sea un imprevisto, como un accidente o algo así. Pero si haz definido  un tiempo para realizar una labor, pídele a esa persona, que espere a que termines  para poder atenderl@.
  • Delega. Si hay alguien que lo puede hacer, igual o mejor que tú, ¿por qué lo tienes que hacer tu? Eso libera tiempo para ti, para tus actividades, para tu familia.
  • Recuerda que si esa tarea que te piden te quita tiempo valioso con tu familia o contigo mism@, debes volver al primer punto: ¿Cuáles son tus prioridades? ¿Vale la pena? Tal vez si es muy de vez en cuando esté bien, pero si se vuelve un tema regular, ten cuidado.
  • No olvides el tiempo para ti mism@, para hacer eso que te gusta, así sea recostarte a ver la TV, o leer, o hacer deporte. Ten en cuenta eso dentro de tus prioridades también. No cambies ese tiempo personal; estar contigo te ayuda a recobrar energías, a ser más equilibrad@, y a tener más paz y serenidad.
Finalmente, todo esto se basa en seguridad en nosotros mismos. Si sabemos y tenemos claro que somos importantes, que tenemos y merecemos nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestra manera de pensar y de ver la vida, será más fácil mantenernos en el NO cuando sabemos que debe ser así. 

Quiérete, respétate, valórate. Decir que NO está bien, aprovéchalo.

NAMASTÉ

DECIR TE QUIERO


Si deseas decir  “Te quiero”
A la gente de tu casa
Al amigo cerca o lejos
En vida, hermano, en Vida...
A. Rabatte

Por Claudia del Valle

Hace 23 años murió mi padre. Un ser maravilloso, trabajador, responsable hasta los huesos, sobreprotector,  muy sencillo y de extracción humilde. 

No fuimos tan cercanos como hubiera querido, más por un tema cultural, creo, que hacía que se mantuviera lejano, distante, como el padre protector de la época, al que se respetaba, pero también se temía. Padre de 5 hijas, hoy entiendo muchas de sus acciones para “protegernos” de este mundo alocado  y sin sentido.

Sus últimos días los pasó en la unidad de cuidados intensivos, visitas restringidas, una sola persona con él, muchos cuidados. 

Recuerdo que nos turnábamos para las visitas, pues todas queríamos estar con él, sabíamos, por su situación clínica que no le quedaba mucho tiempo con nosotros. 

 A mí me correspondió el jueves, así que me propuse pasar el mejor tiempo con él, aprovecharlo al máximo, decirle todo lo que por miedo, o respeto no le decía, contarle de mi vida, y especialmente decirle cuanto lo quería. Preparé la visita, llevé conmigo el estuche para arreglarle las uñas, y me dispuse con todo el ánimo a pasar un buen rato con mi papá.

El primer impacto fue verlo, demacrado, lleno de sondas por todas partes, y sus ojos, nunca olvidaré su mirada. Traté de obviar esas cosas y de compartir con él. Sin embargo, él adoptó la actitud de siempre: lejano, callado, distante.

Obviamente me molestó, y bueno, con la madurez de los  19 años, no supe responder a eso, solo me encerré en mi misma, tampoco hablé, le di un beso en la frente, y me senté a su lado a mirar la TV. Le pregunté algunas cosas, pero él, parco como siempre, me contestó con monosílabos. Así que no cumplí con ninguna de las ideas que llevaba en mi mente. Cuando me fui, traté, me esforcé en decirle que lo quería, pero no lo hice. Pensé: “otro día”. 

Pues bien, no hubo otro día, ese sábado papá murió. 

Así que además del dolor de su partida, de la ausencia, de saber que no iba a verlo más, tenía esa sensación horrible de no haberle dicho que lo quería. No había justificación para eso, aunque él se portara como se portara, yo he debido decírselo. Me torturé mucho tiempo con esto, y finalmente entendí que no había nada que pudiera hacer, y solo me queda esperar y asumir que él donde sea que esté sepa que lo amo y que siempre lo amaré.

Así que desde ese día me juré a mí misma que nunca más alguien a quien yo quisiera se quedaría sin saberlo. A veces no es fácil, porque el ego no lo permite, porque creo que esa otra persona va a responder de manera inadecuada. Sin embargo, con el tiempo, he entendido que es algo que hago por mí misma, por sentirme bien conmigo al decirlo, que si la otra persona lo recibe bien, que bueno, y la verdad siempre ha sido así. Siempre he recibido de regreso una sonrisa o una frase como “Yo también”. Porque esas personas a las que quiero son cercanas a mí, me conocen y las conozco. Esas personas también me quieren.  Así que el miedo se fue.

Vivimos en una sociedad que rechaza el amor, que evita las expresiones cariñosas; mientras menos muestre mis sentimientos mejor, menos sufro; no puedo mostrarme débil, como si el amor fuera una enfermedad, siendo algo que nos une y nos protege por toda la eternidad. 

Esa coraza que colocamos para impedir ser heridos, nos impide también acercarnos al otro, conocerlo, vivirlo, nos impide amar y ser amados, y luego, es demasiado tarde. Nos podemos quitar la coraza, pero es demasiado tarde.

Esta es mi recomendación:

 Siempre dile Te quiero a quien deseas decírselo.  No te lo guardes, expresa, no sabes hasta cuándo va a estar esa persona aquí para que te escuche.  No sabes si habrá “Otro día”. Deja el ego a un lado y di lo que sientes. Verás lo que sucede. Si esa otra persona no lo entiende, no importa, tú ya cumpliste, ya pusiste en movimiento la energía universal y esa misma energía retornará a ti con más y más amor. 

En vida hermano, en vida.

NAMASTÉ.

NO POSTERGAR


“Si crees  que puedes  o crees  que no puedes, en ambos casos tienes  la razón”  H. Ford
Por Claudia del Valle
 
Como diría  el Dr Wyne Dyer en su libro Tus zonas erróneas,  el hecho de postergar en sí mismo no es malsano, el problema es la reacción emocional que genera y la inmovilización que produce. Y definitivamente es así, cada vez que recuerdo que estoy dejando de hacer algo, tengo una terrible sensación dentro de mí, angustia, ansiedad. Y lo increíble, es que prácticamente todas las personas en el mundo sufrimos de lo mismo, postergar, y angustiarnos por ello. 

Hay distintas razones para postergar, pero básicamente todas se resumen a “esperar que pase algo en el futuro” o a no vivir en el presente. Creemos que algo sucederá y que mágicamente podremos realizar eso que siempre hemos querido pero que HOY no se puede, o que aquella tarea que no queremos hacer, se realizará por arte de magia y sin nuestra ayuda.

Si miramos detenidamente el tema, es absurdo, postergar y sufrir por ello. Lo lógico es que si es algo que podemos hacer, simplemente lo hagamos; si es algo que queremos hacer pero en este momento no se puede, pues, no se puede. Ya habrá un momento para ello, no suframos, no nos estresemos por eso.

Parece que una de las principales razones para postergar, y se cumple en mi caso, es el miedo. Miedo a fracasar, miedo a empezar, miedo a no ser suficientemente bueno, miedo a finalmente cumplir una meta y luego, qué. Como en el libro “El alquimista”, el mercader de cristales con el cual trabaja Santiago el protagonista; el sueño del mercader era ir a la Meca, pero cuando finalmente tiene el dinero y el tiempo para ir,  Santiago le pregunta por qué no va, y el mercader le contesta: “...Tengo miedo de realizar mi sueño y después no tener motivos para continuar vivo.”...”Tengo miedo de que sea una gran decepción, entonces prefiero  sólo soñar”.

Postergar consume mucha energía, desgasta emocionalmente, nos hace sentir culpables. Definitivamente  es algo que debemos eliminar de nuestras vidas si estamos tratando de ser felices, y de vivir con paz y serenidad.

Así que algunas pautas para disminuir la postergación son:


  • Evalúa la razón por la que estás postergando esa tarea específicamente: es miedo, pereza, falta de tiempo.
  • Si el tema es tiempo, tal vez necesitas menos tiempo del que crees para realizar esa tarea. Si tu escritorio está lleno de papeles,  puede que te demores más buscando ese documento que necesitas entre tu desorden, que organizándolo.  Quizás piensas que tienes que dedicar 3 horas a esa tarea, pues puedes hacerlo en jornadas de 30 minutos cada día hasta que termines. Programa con reloj esos 30 minutos y disfruta la satisfacción de la tarea realizada. Puede suceder que termines en los primeros 30 minutos!!!
  • Por lo general  lo que más tememos no es dedicar tiempo y energía a una tarea, sino COMENZARLA!
  • Si descubres que definitivamente es una tarea que no te gusta hacer, pero la debes hacer, hay 2 opciones: realízala antes de hacer algo que te gusta, de esta forma, eso que te gusta hacer, será un aliciente. O, ayúdate con algo que te agrada, mientras realizas esa tarea fastidiosa: A mí me funciona, si tengo que lavar los platos, pongo música que me gusta y así termino sin darme cuenta.
  • Si eso que postergas es un hábito que te conviene adquirir, el ejercicio de los 21 días funciona.  Asegúrate de realizar esa tarea todos los días durante los próximos 21 días, de esta manera se crea el hábito y se vuelve una necesidad realizar esa tarea. Ten  paciencia,  día a día, felicítate cada nuevo día que lo logres, y recuerda, si  no lo haces durante 1 día, antes de los 21, vuelve  a empezar, porque lo que necesitas es crear el hábito. 
  • Recuerda el poder de las recompensas.  Puedes hacer una lista de las recompensas que quieres y puede darte. Cuando termines  una tarea, consiéntete, te lo mereces.
  • Si lo que estas postergando es una meta, que siempre ha permanecido en el futuro lejano, siéntate y revisa qué te ha impedido realizarla: es tiempo, dinero, conocimiento. Pon una fecha, que sea motivante, que no te frustres porque está demasiado cerca y no puedes reunir los recursos o las vacaciones para hacerla.  Tampoco que esté tan lejos para que jamás la cumplas.  Con base en esa fecha, planea tiempos, dinero, y todo lo que tenga que ver con tu meta, para cumplirla. Ve escribiendo los avances , y verás como te vas sintiendo cada vez más motivad@ y por qué no, puede que la puedas cumplir antes de lo planeado. Recuerda eso sí, lo más importante es QUERER VIVIR esa meta, no solo soñarla, como el mercader de cristales.

Finalmente, lo más importante es no generar estrés, sino paz, si son tareas que podemos delegar, hagámoslo, no pongamos más cargas en nuestros hombros de las que podemos soportar. Si son metas inalcanzables relajémonos y démosle tiempo al tiempo. 

Sin prisa pero sin pausa. Esa es la clave.


NAMASTÉ

RELAJACIÓN

Por Claudia del Valle

Como parte inicial de la meditación, debemos aprender a relajar nuestro cuerpo.  En el artículo ¿Qué es meditar? solo la mencioné, porque pensé que relajarse es algo fácil y obvio para todos. Sin embargo, recibí algunas preguntas al respecto, así que como estamos aprendiendo, debo recordar que no debo dar nada por hecho. Hablemos de relajación.

La relajación consiste en lograr que todo el cuerpo entre en un estado de reposo, de tranquilidad, y al lograrlo, también relajamos la mente, nos tranquilizamos.

La relajación del cuerpo permite que este se recupere, algo similar a lo que sucede durante  el sueño. Finalmente,  justamente antes de dormir, el cuerpo debe relajarse, entregarse al sueño, y es esa misma práctica la que podemos realizar conscientemente, para que nuestro cuerpo descanse, aun durante el día y en plena actividad.  

Y es que la relajación no es una práctica esotérica o extraña,  ya que está demostrado científicamente que cuando el cuerpo se relaja, el sistema nervioso también, y podemos tener más y mejor control sobre nuestra conducta, tanto emocional como intelectual.  Muchos médicos tradicionales, recomiendan a sus pacientes la relajación, para disminuir el estrés y mejorar su salud, junto con otras actividades como el ejercicio y una sana alimentación.  También recomiendan actividades como el yoga, Tai chi, y otras, que buscan básicamente mediante el control del cuerpo,  disminuir el esfuerzo y aquietar la mente, es decir, relajarnos  para sanar.

Existen muchas técnicas para relajarse.  Lo importante es encontrar una que se adecue a nuestras necesidades.

 Una técnica muy sencilla, para los momentos de crisis, es concentrarse en la respiración,  unas tres veces, y de esta forma, alejar nuestra mente del momento de tensión, es como hacer un PARE, para aclarar nuestros pensamientos y actuar mejor.

Lo ideal es que hagamos de la relajación, una práctica diaria. En un sitio tranquilo, o a una hora de poco movimiento, de silencio, como temprano en la mañana, o a medio día, después del almuerzo.  Con 5 minutos que le dediquemos, veremos los efectos en nuestro cuerpo  y en nuestra mente.  Solo debemos cerrar nuestros ojos, e irnos concentrando en cada parte de nuestro cuerpo, nuestro cuero cabelludo, sintiendo como se adormece, nuestra frente, párpados, y así sucesivamente,  de manera descendente hasta llegar a los dedos de los pies. Incluso podemos visualizar una luz que va cubriendo cada parte del cuerpo que vamos relajando, una luz cálida, que ayuda a relajar más aun esa parte del cuerpo. 

Y, cuando estamos totalmente relajados, podemos decir frases que invoquen salud, algo como: “Mi cuerpo se encuentra en perfecto estado de salud. Cada célula de mi cuerpo se encuentra completamente relajada y en perfecto estado de salud. Y así es”. 

Puede ser difícil al comienzo relajarse, mucha mente actuando, y sentimos que el cuerpo nos pica, que no podemos estarnos quietos. Es común, y no hay que perder el entusiasmo por eso. Si es tu caso, recuéstate, sobre tu espalda, en la cama, para descansar, y haz el ejercicio. En esta posición de alguna forma la mente siente que es la hora de dormir, y es más fácil que permita relajarse.
También puedes usar otras ayudas, como música suave, velas con olor, incienso, o esencias. Estos objetos, de alguna forma, relajan los sentidos, y así ayudan a relajar el cuerpo. 

Luego, con la práctica, será más fácil relajarse, y ya no necesitarás estar acostad@, pues con solo pensar en relajarte, el cuerpo responde inmediatamente. 

Si nunca has hecho relajación, puedes comenzar practicando a la hora de acostarte, enfocándote en tu cuerpo, y de esta forma, no importa que te duermas, pues finalmente, esa es la idea. 

Casi siempre, cuando empiezas a realizar relajación, te quedarás dormid@, así que calcula el tiempo que tienes, no vayas a perder una cita importante por  estar en relajación.

Realmente es una práctica deliciosa, es como regalarte minutos de paz, de tranquilidad a ti mism@, y tu cuerpo te lo agradecerá. Practica diariamente  una, dos, tres veces al día y notarás la diferencia. Te estarás regalando, con 5 minutos, años de vida.

NAMASTÉ

¿QUE ES MEDITAR?

Por Claudia del Valle

En este mundo tan acelerado, tan enloquecido por el hacer y el tener, que nos exige estar en permanente movimiento y que es controlado principalmente por el ego y la mente, es muy fácil perdernos a nosotros mismos.  Olvidar quienes somos en realidad y enfocarnos solamente en los resultados: soy lo que hago y lo que tengo.
Pero tarde o temprano, nuestro verdadero SER nos reclama. Y es un día, de repente que empezamos a cuestionar lo que hacemos, ¿para que sirve esta locura? ¿Qué sentido tiene esta carrera constante por no llegar a ningún lado?  Sentimos que hay algo más… SENTIMOS, y dejamos de PENSAR por un momento.
Así que comenzamos a buscar ese algo más que debe haber, no puede ser que la vida sea sólo esto. Regularmente nos acercamos a alguna religión, a voluntariados para ayudar a otros, o lecturas que nos acerquen a nosotros mismos.
En los últimos 30 años, el mundo occidental ha encontrado en las prácticas orientales como el yoga,  el Thai chi, Chi kung, y otras disciplinas, la forma de acercarse a su interior, de aquietar la mente y sentir más quien es realmente.
Y, de alguna manera, todas las disciplinas orientales, involucran la meditación como pilar esencial de sus ejercicios. Meditar es aquietar la mente.
El ser humano está conformado por tres entes: cuerpo, mente y espíritu. Y para llegar a realizar un verdadero contacto con nuestro espíritu, con nuestro SER, debemos disminuir la actividad de las otras dos partes, primero el cuerpo y después la mente.
Por eso, lo primero que debemos aprender a hacer para disminuir tanta actividad y locura en nuestra vida, es  relajar nuestro cuerpo. No es tan complicado, solo necesitas practicarlo con regularidad, y el cuerpo te va a responder.
La tarea más complicada aquí, es detener la mente, o por lo menos aquietarla.  Y es que estamos tan acostumbrados a pensar  todo el día,  pensamientos repetitivos, ideas nuevas, pasado, presente, futuro.  Es muy común que la gente diga: Somos lo que pensamos, como voy a detener mis pensamientos, dejaría de existir!!!
Sin embargo, todas las personas que logran aquietar sus mentes, aunque sea por breves momentos, sienten la diferencia. Una práctica muy sencilla para aquietar la mente, es entrar en contacto con la naturaleza. Cuando nos enfocamos en contemplarla, en disfrutarla, y logramos quedar absortos ante tanta belleza, olvidamos todo lo demás. En ese instante, estamos aquietando la mente, alcanzamos a hacer contacto con lo que somos realmente, y por eso sentimos paz.
Pero aquietar la mente debe ser algo que fluya. No puedes obligar a tu mente a que se detenga, porque ella reacciona pensando más. Lo que debes hacer es observar tus pensamientos, como si estuvieras viéndolos desde la puerta o ventana de tu casa, y ellos pasaran por la calle. Los ves,  pero no los absorbes, no te detienes en ellos, solo los dejas pasar. Entonces, en algún momento  al practicar esto continuamente, simplemente se detienen, dejan de pasar por esa calle.  Y es allí, cuando logras estar en paz.
Para mí, meditar es como cuando estás en una playa, con más gente alrededor. Escuchas la gente, ves tanto movimiento, niños jugando, corriendo,  incluso el sonido fuerte de las olas. Esa playa es el mundo cotidiano, externo. Y entonces decides meterte al mar, el primer contacto con el agua, es delicioso, sientes el agua tibia en tu piel, y te sumerges, las olas no son fuertes, son suaves, y permites que estas te lleven, suavemente, como meciéndote. En ese momento, relajas tu cuerpo, primer paso.  Pero sigues oyendo el ruido, la gente, y decides zambullirte, dentro del agua, y vas al fondo. Allá en ese lugar, escuchas lejanamente el ruido, o de pronto no escuchas absolutamente nada, y solo sientes tus movimientos en el agua. Hay silencio, paz, tranquilidad. Sabes que allá arriba, el ruido, la gente, todo sigue, pero en ese momento, tú estás en silencio y en paz, solo contigo mismo.
Eso es meditar, zambullirte en el océano del SER, de ti mismo, y encontrar el silencio, volver a la fuente.
NAMASTÉ